Ahí está, sentada en uno de esos bancos sinuosos de madera característicos de la Ciudad Vieja en la peatonal. Rodeada de palomas que comen las migas de pan tiradas por otra vecina. Aurora tiene la espalda encorvada, el pelo corto lleno de canas y hay dientes que le faltan. En ese barrio es una referente, no sólo porque es una vecina de larga trayectoria, sino por su militancia de siempre en causas sociales que abrazan a casi todo el barrio.
Cuando hablo con ella siempre está recordando anécdotas. Fue una de las primeras mujeres en afincarse en el barrio y participar en la mayoría de sus eventos culturales, ella sostiene que es una “voluntaria de la vida”, quizá por eso y por mucho más ha tenido alguna distinción de la municipalidad. Cómo cuando pudo parar un desalojo de unos vecinos estando ya la policía presente. O cuando organizó con las gentes del barrio la olla popular que casi todos los sábados se llena de una interminable fila en estos tiempos de virus y delirios varios.
Está llena de hijas, nietos y dificultades. Hace menos de un año pudo conseguir una vivienda digna. Para ella sola. Está acostumbrada a dar con la palabra y con actitudes pero le gusta vivir sola. Esa mañana, que llevaba mi nieta a la escuela, hice un alto en mi caminata para charlar un rato y saber en qué estaba.
La sentí molesta, confundida y me confesó que un nieto, grande él, está recuperándose de una intervención en su casa.
-Ya está más que bien hace un mes pero sigue ahí, lo acomodé en el living, no sólo no hace nada, no me ayuda y es molesto en el trato, sino que además ya tiene una casa donde ir y gente para cuidarlo.
-Y? Por qué no se va si decís que está recuperado?
-Porque es cómodo mija , es cómodo. Se acostumbró a que le solucionen todito. Pero además te juro lo hago por la memoria de mi hijo. El no se lo merece. Fijate que yo miraba desde el living toda esta esquina y tomaba mis mates tranquila y después salía a hacer mi recorrida por el barrio. Siempre hay algo para hacer acá. Ahora sí que me jodí, por caridad, por ceder, siempre ceder, pero bue…
-Aurora si ya decís que está recuperado y tiene lugar para irse hablá con él y supongo que va a entender.
-No entiende, se hace el loco…
-Entonces decí alguna ”mentira blanca”, inventá algo piadoso …
-Si… puede ser.
Pasó una semana y nos volvimos a encontrar. Estaba rodeada de tres personas, conversaban y se le notaba su escucha atenta. Una de esas personas es un viejo consumido por el alcohol que tiene veneración por ella. Cuentan los vecinos que cada vez que Aurora le habla, ese día, sólo ese día no toma nada. La separé un poco del grupo y le pregunté por su situación.
-Se pudo ir tu nieto?
-Me acordé de vos y lo que me dijiste, no pude mentir, le dije como me sentía y lo fui llevando, llevando y bue…
-Bueno entonces estarás tranquila, recuperaste tu espacio en tu living.
-No, no, sigue estando. Pero confío en que no demore mucho en irse.
Pasó el tiempo, pregunté por ella varias veces ahí por el barrio, no supieron decirme nada. Me extrañó. Hace un mes vi en su ventana grande y vidriada a un hombre sentado mirando para afuera. Pensé en que habría pasado…
Al tiempo me comentan que Aurora está internada en el Maciel. Pandemia de mierda pensé que no puedo ir a verla, a cuidarla, a estar con ella.
Al poco tiempo me enteré, el nieto el que ella cuidó por memoria de su hijo le había dado una paliza. Tenía un hombro dislocado y estaba con hematomas varios.
Mi cabeza fue un torbellino de pesares y culpas. Suspiré y creo que por primera vez recé. Por Aurora y su recuperación.